¿Cuando vale la pena
romper las cadenas
que nos atan al antiguo
yugo que ya se nos muestra
inservible, opresor?
¿Cuando es el momento
de dejar de pedir
y actuar?
Nunca es el momento
de aquello que tantos
ya han probado.
Las vías conocidas
de cambiar las cosas
mediante la acción violenta
solo nos desplazan
en este ciclo que
a lo largo de la historia
se va repitiendo.
No se puede perseguir un
cambio duradero, fructífero,
usando métodos que,
como se ha probado,
solo hacen que la rueda
siga girando.
Hay que ser consciente
que el primer paso para
cambiar las cosas
es el único.
Debes ser tú el que cambie
pero no adaptándote a lo que
nadie te diga que es la forma
sino buscándola en tu corazón.
Dejando a un lado la razón,
los pensamientos y los bajos
instintos que hacen surja la maldad.
Dejando el alma a la vista
es cuando se nos muestra
la senda que cada uno debe seguir.